Dieta Low FODMAP – ¿Cuál es su objetivo?

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Hace unos años recibí en mi consulta a un paciente que me presentó una lista de alimentos ricos y bajos en FODMAPs, indicada por un profesional de la salud (ajeno al ámbito de la Nutrición), que le aconsejaba seguir una dieta baja en FODMAPs porque «debía tener el intestino irritado». Miraste esa lista y no entendiste cómo ibas a hacer ese tipo de dieta. Y, por supuesto, optó por consultar a un nutricionista y acudió a mí.

Le pregunté, en primer lugar, por qué sentía la necesidad de hacer esta dieta y qué síntomas sentía, a lo que me contestó que era una persona muy ansiosa y que cuando estaba nervioso tenía episodios de diarrea. Cuestioné la frecuencia de estos episodios y toda la historia clínica y me di cuenta, a través de la información clínica que me dio, de que los síntomas no se correspondían con el cuadro del síndrome del intestino irritable (SII), ni se acercaban a una enfermedad intestinal. Es habitual que nuestros hábitos intestinales cambien debido al estrés, el nerviosismo, la mala alimentación y el sedentarismo. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido episodios de diarrea, estreñimiento, dolor de estómago, acidez, hinchazón, náuseas, etc. De hecho, estos episodios ocasionales indican algún cambio en el sistema digestivo, pero no la presencia de una enfermedad o síndrome. Para hipotetizar una enfermedad o un síndrome, es necesario que los síntomas se prolonguen. En concreto, la aparición de dolor abdominal al menos una vez a la semana durante los últimos 3 meses, asociado a un cambio en la frecuencia y consistencia de las heces, así como la evidencia de síntomas 6 meses antes (1). En el caso del SII, los síntomas suelen ser dolor e hinchazón abdominal (sobre todo en el bajo vientre), flatulencia excesiva, distensión abdominal, alteración del tránsito intestinal (diarrea, estreñimiento o una combinación de ambos), entre otros. Y los signos de alarma (también conocidos como «banderas rojas») son la pérdida de peso repentina e inexplicable, las deposiciones nocturnas, la pérdida de sangre en las heces, la anemia, la edad superior a 50 años, los vómitos, la fiebre, los antecedentes familiares de enfermedad intestinal y la progresión o gravedad de los síntomas.

Cuando existe esta historia clínica, se debe considerar la realización de pruebas clínicas, desde pruebas bioquímicas y de heces hasta pruebas más invasivas como la endoscopia o la colonoscopia, entre otras que deben considerarse caso por caso. Este señor no tenía la mayoría de los síntomas descritos, ni tenía «banderas rojas». Tampoco se había hecho nunca un análisis de heces, una colonoscopia o cualquier otra prueba que pudiera indicar el SII como diagnóstico.

Como profesional de la salud le aclaré que no tenía que seguir una dieta baja en FODMAPs, ya que no tenía la mayoría de los síntomas, ni había pruebas más claras, sino que podía, más bien, llevar una dieta ajustada a los episodios diarreicos, que ocasionalmente tenía con nerviosismo.

Os cuento esta historia, porque se produjo en una época en la que no estaba especializada en la dieta baja en FODMAP y no sabía que tenía SII. Y, me sorprendió, que esta dieta estuviera indicada para los episodios diarreicos ocasionales, lo que no tiene sentido. Más aún porque dan al usuario una lista de alimentos a evitar y no dirigen la dieta (algo que sólo un nutricionista especializado en FODMAPs está capacitado para hacer).

La dieta baja en FODMAPs no es una dieta de moda. De hecho, es bastante estricto y, si no está bien planificado, puede provocar carencias nutricionales. Además, no es una dieta para perder peso. Tampoco es una dieta recomendada para situaciones clínicas específicas. Y sólo debe aplicarse cuando hay un diagnóstico y no sólo por una sospecha, sin ningún examen clínico que lo indique.

La salud es preciosa y hoy en día todos sabemos lo frágil que es. Con la salud no se juega. Los consejos no deben darse de «oídas», y el hecho de que haya funcionado para otra persona no significa que vaya a funcionar para ti o que sea adecuado para ti. Cada cuerpo es un solo cuerpo. Cada persona es una persona. Y hay que escucharlo. Hay que respetarlo. Y debe tener la mejor atención sanitaria, basada en las pruebas de todo su historial médico y no en una sola.

Seamos más conscientes.

Con amor,
Sara Barreirinhas

Fonte:

  1. The Rome Foundation (Rome IV Criteria)

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