Cuando la enfermedad está activa, ¿paga el sueño?

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Las enfermedades digestivas, especialmente las intestinales, pueden generar en el paciente sentimientos de vergüenza, malestar, aislamiento social y, a veces, pérdida de voluntad y/o miedo a probar cosas nuevas. Uno de estos miedos es viajar. No por viajar en sí mismo – después de todo, a quién no le gusta, ¿verdad? -, pero debido a las mil y una circunstancias incómodas que uno puede encontrar, como:

– El tipo de transporte del viaje (que puede provocar náuseas, flatulencias, etc.);

– El miedo a no encontrar aseos accesibles en los lugares turísticos que visitas;

– O la inseguridad de la oferta gastronómica local (tipos de cocina, ingredientes que utilizan, saber distinguir los ingredientes en diferentes idiomas, la incomodidad de hacer pedidos especiales, etc.).

Para la mayoría de las personas esto no es ni siquiera un problema. Para mí, durante muchos años tampoco lo fue. Hasta que un día empezó a serlo. (Y permítanme hacer un paréntesis aquí: cualquiera puede desarrollar un problema gastrointestinal. ¡No hay edades, géneros, geografías o razas que nos permitan decir que algo así nunca te sucederá)!

¡Compartiré con ustedes las dificultades que tuve para viajar cuando tener una enfermedad intestinal activa se convirtió en EL problema! (Y los destinos que elegí en esa etapa fueron magníficos: ¡AMÉRICA e ITALIA! Mamma Mia!)

Hoy os voy a contar mi aventura en NUEVA YORK.

Ahora, en medio de una enfermedad activa, todavía sin el acompañamiento de un gastroenterólogo, tenía pasaje directo a Nueva York en febrero de 2020. En aquel momento ya se hablaba del covid-19, pero aún no estábamos en una situación de pandemia. Todo fue una gran película, digna de Norteamérica (cabe mencionar que 5 días antes del viaje me hicieron una colonoscopia y aún no tenía la medicación ajustada a mi situación clínica).

Primero porque tenía síntomas severos como calambres, espasmos, náuseas, distensión abdominal, etc, etc. En segundo lugar, porque no tenía medicación para el síndrome de abstinencia, ni siquiera ajustada, ya que todavía no había un diagnóstico correcto. Entonces, porque pesaba 47 kg y ya tenía algunas carencias alimentarias (como revelaron los resultados de los análisis de sangre que recibí 1 día antes del viaje). Y finalmente, porque estaba en la fase de probar los alimentos que podía digerir y los que me causaban síntomas severos.

Permítanme hacer la advertencia de que todo empezó con un accidente de coche (y si leyeron la anterior entrada del blog ya lo saben). Es la típica historia de que una cosa desencadena otra, que a su vez intensifica otra que ya estaba ahí. Es decir, que el diagnóstico de una enfermedad intestinal (por ejemplo, la enfermedad inflamatoria intestinal, el síndrome del intestino irritable, la enfermedad celíaca, etc.) no siempre es claro o blanco y negro. Suelen ser procesos largos que implican varias pruebas, a veces varios profesionales de la salud, y en medio de este proceso el paciente sigue teniendo síntomas, a veces se desorienta, se genera mucha ansiedad e incluso puede desarrollar deficiencias nutricionales. Por supuesto, esto no ocurre en todos los casos, algunos pueden ser más rápidos, otros incluso más lentos que el mío.

¡Pero volvamos al sueño americano!

Como puedes entender, no tenía motivos para estar ansioso, ¿verdad? Entre muchas preocupaciones, la que más inseguridad me producía, sin duda, era la comida y cómo reaccionaría mi cuerpo. Mi mayor temor era no poder disfrutar del viaje de mis sueños (¡sí, Nueva York era ESE destino para mí!) y pasar la mayor parte del viaje en una habitación de hotel retorciéndome de dolor (u horas y horas en el baño). Además de ese miedo no podía pensar sólo en mí, ya que no estaba solo en el viaje (ahí está el tema social como mencioné al principio). ¿Cómo organizaste el viaje, Sara? La palabra correcta es exactamente esa: ¡organizar! Fue el primer viaje que hice en el que lo organicé de principio a fin (y el caso lo pedía nada menos). Y, para ser claros, esta preparación previa al viaje es lo mínimo que se puede hacer cuando se tiene una enfermedad gastrointestinal, porque nunca se sabe cómo reaccionará el cuerpo a un nuevo entorno, al transporte, a la comida del país e incluso al agua que se bebe o a su clima. Pero, sin duda, ¡una organización ayuda MUCHO!

Oh Sara, es «Estados Unidos, vamos», en todos los sitios se puede comer… ¡carne! Lo que para un vegetariano más una enfermedad intestinal activa podría no ser la mejor opción, ¿verdad?

Investigué mucho sobre la comida, desde los restaurantes de los distintos puntos turísticos, los tipos de cocina, cuáles son los ingredientes más utilizados en determinados platos, etc., y lo organicé según la ruta turística. Por supuesto, en la práctica esta organización puede no seguirse. Pero hacerlo me hizo estar mucho más segura de la oferta de alimentos y de mis opciones.

Decirte que no tuve ningún síntoma durante el viaje sería una mentira, pero que esta organización y preparación previa al viaje me permitió conocer Nueva York de la forma que siempre había soñado, ¡eso sí!

Por eso he creado la Consulta de Nutrición del Viajero para ayudarte en tu organización y preparación en cuanto a la alimentación, para que en tu próximo viaje no sea un problema. Y espero que puedas disfrutar de tu viaje de la misma manera que yo disfruté de 8 MARAVILLOSOS días en Nueva York.

Es una razón para decir que SOÑAR vale la pena. ¡Siempre!

Ps: Más adelante os contaré mi aventura «foodie» en Italia.

¡Nos encontramos de nuevo aquí en el blog!

Con amor

Sara Barreirinhas

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