¿»Comemos» emociones?

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Para responder a esta pregunta me vienen a la mente dos palabras: emociones y sentimientos. Que, aunque suenen similares, tienen definiciones diferentes.

Una emoción es una respuesta conductual innata y cognitiva (generalmente inconsciente) que se produce cuando nuestro cerebro (el centro de nuestro Sistema Nervioso Central) recibe un estímulo. Ese estímulo puede provenir de algo que se come, se ve, se huele, etc. En cuestión de segundos, este estímulo provoca una acción dentro de nuestro cuerpo, como una reacción muscular, cardíaca, pulmonar u hormonal, entre otras.

Un sentimiento es lo que ocurre después de que se haya producido la emoción, es decir, es la percepción mental que nuestro cerebro atribuye a la experiencia fisiológica que generó la emoción. Básicamente es el significado consciente que le damos a esa emoción.

La idea del pasado de que la razón y la emoción eran dos procesos independientes, que luchaban entre sí en la toma de decisiones, ha sido superada hace tiempo por la neurociencia. Ya en el siglo XIX se hablaba de ello en el ámbito de la psiquiatría. El propio Júlio de Matos (psiquiatra portugués) defendió estas tres ideas:

  1. Las emociones son cruciales en la toma de decisiones porque acompañan todas nuestras ideas y experiencias;
  2. Los sentimientos funcionan como señales del estado del cuerpo, por lo que el estado del cuerpo refleja los estados mentales;
  3. La inteligencia puede moderar las emociones a través del conocimiento.

El desarrollo de la neurociencia y la ciencia cognitiva – y de cualquier otro campo científico, a decir verdad- es continuo y eterno. Y hoy se sabe que estas ideas de Júlio de Matos están mucho más cerca de la realidad que conocemos. De hecho, varios neurocientíficos han corroborado las ideas de Matos, entre ellos el neurólogo y neurocientífico António Damásio, que se ha dedicado a estudiar el cerebro y las emociones humanas. Según Damasio (2011) «no es posible tomar decisiones funcionales y eficientes sin sentir emociones«.

¿Cuál es la relación entre mis emociones y la comida, Sara?

La relación es muy sencilla (¡y no hay absolutamente nada sencillo en ella!). De forma resumida – muy resumida, porque esto tenía mucho que ver – la investigación científica ha demostrado que el comportamiento alimentario está directamente relacionado con el estado nutricional (ejemplo son varios estudios transversales relacionados con el sobrepeso y/o la obesidad, entre otros). También sabemos hoy que nuestro estado de ánimo no sólo tiende a alterar nuestro comportamiento y nuestras elecciones alimentarias, sino que también está relacionado con los cambios en el apetito (estudios realizados sobre la depresión, la ansiedad, la sensación de dolor, las enfermedades crónicas, etc.).

Ahora imagina que, al comprender tus emociones y sentimientos, puedes tomar decisiones más inteligentes y conscientes, incluso sobre la comida…

Oh, sí, ¡SE PUEDE!

Quizá Julio de Matos no estaba tan lejos de la realidad, ¿verdad? Las emociones y los sentimientos son esenciales para nuestra percepción mental, al igual que el uso de nuestro conocimiento (inteligencia) nos ayuda a moderar nuestras emociones y a tomar decisiones conscientes.

No somos una sola cosa. Somos muchas cosas. Lo sentimos. Pensamos. ¡Nosotros decidimos y ACTUAMOS! (y comemos, por supuesto)

Hasta la próxima reunión aquí en el blog.

Con amor,

Sara Barreirinhas

Fuentes:

  1. Serrado, Ricardo. Emoção, sentimento e razão: diálogos entre Júlio de Matos e António Damásio. História. Revista da FLUP. Porto. IV Série. Vol. 10 nº 1. 2020. 198-217. DOI: 10.21747/0871164X/hist10_1a10;
  2. Damásio, António (2011), O Erro de Descartes. Emoção, Razão e Cérebro Humano, Lisboa, Temas e Debates.

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